Erase una vez  Marta y Ana, dos tuercas que vivían felices en VillaTornillo.

Eran tan amigas que juraron que su amistad duraría toda la vida y más allá. De niñas compartían veranos y fines de semana y se escribían cartas a diario contándose sus secretos, pero a medida que fueron creciendo la tuerca Ana conoció a Alberto, un tornillo alto y apuesto, con una métrica y un DIN envidiables.

25nMarta se alegró de la felicidad de su amiga Ana, pero cada vez se veían menos y pese a que aprovechaba esos momentos que compartían al máximo (paseaban juntas por VillaTornillo, visitaban las cafeterías donde servían los mejores aceites lubricantes…) la tuerca Ana cada vez tenía menos tiempo para la tuerca Marta… que además veía que el Tornillo Alberto no la quería mucho, no parecía caerle muy bien al tornillo. Llegó el día en el que Ana ya no podía quedar con Marta, pues el tornillo Alberto no le dejaba salir de su ferretería. Marta preguntó porqué no les dejaba estar juntas, y la respuesta fue aterradora “porque el tornillo Alberto no podía soportar que la tuerca Ana hubiera vivido momentos felices en lo que él no estuvo presente”.

La amistad entre las dos tuercas moría y lo mismo ocurría con Marta, que poco a poco se iba marchitando, de tanta soledad y sufrimiento..pero un día las amigas se encontraron en solitario y disfrutaron de la tarde como nunca y hablaron, hablaron largo y tendido. Así fue como la tuerca Ana finalmente le confesó a su amiga Marta que el tornillo Alberto era muy celoso y cada vez que veía a Ana hablando con otros tornillos u otras tuercas le pegaba, incluso un día le había dado una paliza; todo esto mientras lloraba desconsoladamente.

La tuerca Marta, sorprendida, angustiada y asustada volvió corriendo a su ferretería a hablar con sus padres pero éstos le dijeron que si Ana no quería dejar al tornillo ellos no podían hacer nada. Marta disgustada volvió a la ferretería de Ana  a hablar ella, pero está ésta le dijo que no pasaba nada, que no era para tanto y quizás lo había exagerado.

La arandela MªLuisa, madre de Ana, que había escuchado la conversación la echó de su ferretería diciéndole que había tuercas que a lo mejor podían permitirse el lujo de perder el tiempo en estudiar pero que su hija era ya una tuerca adulta que pronto se casaría, tendría su propia ferretería y que no tendría tiempo para jugar con tuercas que no pensaban como ella.

Diez años después la tuerca Ana tuvo la fuerza y el valor de denunciar a Alberto.

Hoy en día el tornillo Alberto tiene una orden de alejamiento que no le permite acercarse a la tuerca Ana ni a sus gemelos los tornillitos.

La tuerca Ana no tiene contacto con sus padres y vive en una pequeña ferretería con sus tornillitos, lejos de Villatornillo, en un pueblo muy pequeño que todavía está en construcción, se llama “Villa Tuercanillo” y cada vez tiene más habitantes. Y SERÁN MAS, Y SEREMOS MAS.

 

 

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