El año pasado os contábamos la historia del Tornillo Valentín y la tuerca Adelaida … este año os contamos otro capítulo de su historia.

Aquella noche mientras la tuerca Adelaida dormía plácidamente en su apartado de la bandeja, la bandeja del  piso 6  del carro Facom JET.6M3 donde vivía con su familia, tuvo un sueño maravilloso:

Soñó que se celebraba una espléndida fiesta en la ferretería. Las animadas luces que procedían de la multitud de Lámparas E201431 de Expert que se habían colgado con elegancia en lo alto de los  Carros Facom y  envolvían el ambiente, y un suave olor a manzana – de los ambientadores 17362 de krafft – impregnaba la tienda. Para los invitados se había servido lubricante Stec 36713 de Krafft y había botellas de Krafft 15091 para los y las más valientes. Para todos/as aquellas que quisieran tomarse un descansito entre baile y baile se habían dispuesto cómodas Bolsas de herramientas BS.T20 de Facom.

tuerca torniTodos/as en el la Ferretería habían trabajado duro durante meses para que la fiesta fuera todo un éxito. La tuerca Adelaida se había encargado de hacer la lista de invitados/as. Los nombres es habían ido amontonando en la mesa de su despacho (en el piso 1, mano izquierda  del carro Facom), por lo que el padre de Adelaida, el gran destornillador Arturo se había visto obligado a eliminar nombres y más nombres para acortar la extensa lista; facilitando así que los presentes pudieran sentirse cómodos/as en el espacio de la Ferretería. La joven tuerca Adelaida, se encargó de elegir la decoración más acorde con la fiesta y de decorar los últimos pisos-terraza de los tres carros Facom JET.6M3 que tenían en la Ferretería, y en los que celebraron la fiesta.

El tornillo Valentín no tardó en aparecer en la fiesta. Valentín era un apuesto tornillo que siempre llamaba la atención por su elegante Acero inoxidable A2, pero hoy se había impregnado en Galvaflash para brillar de forma especial.

La tuerca Adelaida  supo desde el primer momento que algún día sería su esposo. Y el tornillo Valentín supo desde el primer momento que algún día sería su esposa. Durante toda la velada la tuerca Adelaida y el príncipe Valentín no dejaron de mirarse y buscar sus ojillos de enamorados entre las cabezas allen, hexagonales, cilíndricas y  avellanadas de los/las asistentes. Pero si el tornillo Valentín era tímido, aún más lo era la tuerca Adelaida y ninguno se atrevió esa noche a dar el paso y confesar su amor. La tuerca Adelaida de lo silenciosa que estaba parecía una estatua más que una tuerca. El tornillo Valentín parecía  estar pegado al suelo  con Loctite 242. Ninguno de los dos encontró las fuerzas necesarias para romper ese encantamiento que los mantenía sujetos al suelo.  Hasta que la tuerca se armó de valor, se aceró al tornillo Valentín y pidió su mano, comprometiéndose así para el resto de sus días.

— y fueron felices y criaron arandelitas….—

 

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